Siempre me gustaron las cosas pequeñas que a la vez te hacen enorme. Me gusta la risa contagiosa de un niño pequeño, me gusta ver el orgullo de una madre al ver a sus hijos cumplir sus metas, me gusta observar cada detalle de una película en el cine y también me gusta oir el viento y la lluvia en un día de nubes y tormenta.
Soy de las que piensa que la felicidad se encuentra en los pequeños rincones de una ciudad, en un café de mañana, en un descanso de una biblioteca o en una estación de trenes, incluso puede que a veces la encuentres en ti mismo.
La felicidad está en todos lados, la magia está en saber verla y lo difícil en intentar protegerla.
Que triste sería que tu la tengas pero no te des cuenta, que la alegría esté al lado de tu puerta y tu temas cogerla.
Por eso yo he decidido dejar a un lado todo lo malo, y enfrentarme a las sonrisas que cada día me ofrece la vida, porque me di cuenta que ni la nostalgia ni la tristeza llenan el alma.
Ahora se que mi vida se resume en aprovechar cada minuto, dejar atrás todos los días en que perdí, saber perdonar y volver a empezar de la manera que mejor complete mi felicidad.
Odio el tic-tac del reloj, odio las despedidas, odio ver como pasa el tiempo, y odio y odiaré siempre cada minuto y segundo que he malgastado en cosas que no valían la pena. Soy contradictoria, odio el rencor pero me cuesta aceptar el perdón. Me gusta el silencio pero me agota su destiempo. Encuentro el placer en el arte y en la música. Adoro cada sonido de las teclas del piano, de las cuerdas de una guitarra o de la voz humana. Admiro las pinturas de Miguel Ángel, y me fascina la escultura de Bernini. Hallo la felicidad en lo más simple que te puedas encontrar. Supongo que vivir es eso. No hay mayor contradicción que una misma. Ahora soy todo y después ya no soy nada. Hoy no valoro lo que tengo y mañana lloro la perdida del recuerdo. Estamos hechos de pedazos del ayer, de pasos mal dados y de huellas que dejan marca. Es por eso por lo que hoy soy lo que soy. Cada quien es cada cual y cada cual es cada quien. Todos cambiam...
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